Una visita inesperada

 

  Era una noche tomentosa, me encontraba en la sala contando historias a mis hijos, repentinamente un rayo cayó cerca de la casa, haciendo que todo retumbara, después de esto los llevé a dormir dado que les tenían miedo a los relámpagos. Una vez hecho eso, tome una botella de vino, serví una copa, me senté bajo la luz de la luna y comencé a leer, era muy fuerte el ruido de la lluvia y los truenos, pero eso no impidió que quedara ensimismado en la lectura, sin darme cuenta el tiempo pasó muy rápido, al mirar el reloj me sorprendí de que eran más de la 1 am y la lluvia que unas horas antes estaba cayendo con gran fuerza había cesado por completo.

 Me levanté de mi asiento, tomé la vela que estaba a lado mío para caminar al cuarto y asegurarme de que mis hijos estuvieran profundamente dormidos, sin embargo, uno de ellos no se encontraba en cama, alarmado desperté a su hermano para que me ayudara a buscarlo por toda la casa, desafortunadamente los esfuerzos fueron en vano pues no se encontraba en nuestro hogar, tomamos nuestros abrigos, encendí un farol para que saliéramos a buscarlo. Buscamos por las calles cercanas, en la casa de unos familiares que vivían cerca de nosotros, pero todo esto sin éxito. Pasadas 2 horas aproximadamente en las que buscamos arduamente, llegamos a la zona boscosa que rodeaba nuestro pequeño pueblo, fue entonces que a lo lejos bajo un viejo árbol logré distinguir en el piso la silueta de un niño agazapado, estaba tan obscuro que la luz que emanaba del farol era inservible ante tal penumbra, me acerqué despacio porque había demasiado lodo por la lluvia, se trataba de él, era mi pequeño.

Corrí inmediatamente, lo desperté, en medio de lágrimas levantó su cara, se notaba el miedo en su rostro, al darse cuenta quien era yo me abrazó con gran fuerza. Sin perder tiempo regresamos a casa para que entrara en calor. Una vez que se encontraba calmado, le pregunté por qse había ido de la casa a mitad de la noche, lo que respondió me dejó sin palabras; “Una señora vino al cuarto a noche pidiendo ayuda”; pero eso no era posible, a pesar estar leyendo, todo estaba muy bien cerrado, incluso al salir de casa para buscarlo tuve que abrir todas las cerraduras.

Al día siguiente, con la luz del día acudí al mismo árbol donde encontré a mi hijo el día anterior. Lo que me dejó sin palabras fue que en el camino solo se veían las huellas dejadas en el barro de un niño no había otro rastro, llegué al árbol, debajo de él se notaba el espacio donde se había acomodado mi hijo, pero lo más extraño de todo es que justo ahí, a un lado de él había dos huellas de zapatillas.

Escrita por:  Oziel Josafat de Jesús Suárez y Marco Antonio Domínguez Mora.


Opinión personal: 
Una mificción bastante larga, inquietante, misteriosa y con un final abierto que deja pensando al lector, la verdad muy buena para volar la imaginación.

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